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El territorio entendido como un escenario común, compartido, no se reduce a ser solo un espacio físico. Las distintas relaciones e influencias que discurren dentro de los territorios determinan  la cultura que habita en él. Culturas creadoras de lucha, de organización, de participación, de comunidad. Desde experiencias urbanas, juveniles, de mujeres, campesinos y desde los pueblos originarios, se vienen impulsado proyectos emancipadores protagonizados por nuestros pueblos desde sus territorios.

 

La historia comunitaria de lucha nos sigue invitando a que nos juntemos en un camino de retorno a la semilla, hacia nosotros y nosotras mismas; hacia una práctica cultural colectiva que invita a participar unos con los otros, construyendo territorio y forjando  comunidad.  Hacia un poder popular comunal, germinado desde el  trabajo colectivo.

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